Jöel H. Claverie

Entradas clasificadas como ‘literatura’

Culminación del dolor

16 Diciembre 2009 · Dejar un comentario

Oigo incluso cómo ríen
las montañas
arriba y abajo de sus azules laderas
y abajo en el agua
los peces lloran
y toda el agua
son sus lágrimas.
Oigo el agua,
las noches que consumo bebiendo
y la tristeza se hace tan grande
que la oigo en mi reloj,
se vuelve pomos en la cómoda,
se vuelve papel sobre el suelo,
se vuelve calzador,
ticket de la lavandería,
se vuelve
humo de cigarrillo
escalando un templo de oscuras enredaderas…

Poco importa,

poco amor
o poca vida
no es tan malo,
lo que cuenta
es observar las paredes,
yo nací para eso,

nací para robar rosas de las avenidas de la muerte.

Charles Bukowski (1920-1994)


Categorías: bukowski · literatura · poesía

Jardín de piedra

16 Abril 2009 · 1 comentario

Siempre llegan tarde. Unos veinte minutos después de la hora prevista veía aparecer el pequeño Seat negro de Jorge. Ángeles me saluda dando saltos desde el asiento del copiloto. Odio profundamente cuando hace eso. Un semáforo demora aún más la espera. Respiro profundamente. Hoy no quiero líos. Una canción de Metallica me da la bienvenida mientras le doy un beso a ella, aprieto las manos de él y me lanzo a la parte trasera del coche. Fabuloso, ahora sólo tengo que soportar media hora de un grupo que no aguanto, a un volúmen que no tolero, con los comentarios analíticos de un fan como Jorge y los espasmos de Ángeles emulando al batería.

Pero no podía evitar pensar que eran buena gente. Conocí a Ángeles a través de carta, en una de esas revistas que juntaba, sin criterio, toda la música no comercial que incluyese gente vestida de negro. A pesar de nuestras diferencias y por eliminación nos hicimos íntimos muy pronto. Era una chica muy delgada, casi sin pechos. Vestía siempre con camisetas de grupos de talla grande y sus gafas parecían nunca estar en su sitio. Jorge, por contra, era de constitución grande. Sus camisetas desgastadas recortadas a mordiscos y una pulsera de pinchos oxidados formaban parte de su exoesqueleto. No hablaba mucho, salvo cuando el tema de la conversación fuera su grupo favorito, pero inspiraba confianza y seguridad en lo poco que decía.

Aparcamos sin dificultad a pocas manzanas del Infierno. ¿Por qué coño seguimos yendo a un local con un nombre tan estúpido?. Saludamos al portero, bajamos las escaleras y nos sentamos en la primera mesa que vimos libre. No había terminado de beber mi primera cerveza cuando Sandra llegó gritando a nuestro encuentro. Me levanté y fui a pedir otra ronda. La música era insoportable. Pensé en hacerle un pequeño comentario al dueño pero no podría soportar otra diatriba sobre el “heavy español de los 80″ y decidí volver junto a los demás.

Sandra y Ángeles no dejaban de hablar. ¿De qué? Ni idea. Jorge por su parte comenzaba su viaje particular al que no me había invitado por lo que decidí hacer una corta visita al baño. A las dos horas ya estábamos lo suficientemente borrachos como para ver con buenos ojos al resto de la clientela del bar, en su mayoría viejas glorias, turistas y algún que otro grupito de niños ávidos de experiencia.

Noté una mano acariciándome la pierna. Sandra esculpía deseo con sus preciosos ojos marrones. Me dijo que haría lo que fuera por mí. Se remangó la camiseta, rompió una botella contra la mesa y con uno de sus cristales dibujó varias líneas en sus brazos. La sangre goteaba mientras Jorge seguía perdido en alguna isla de su mente y Ángeles charlaba animosamente con un grupo de blackers al otro lado del bar. Agarré sus brazos con fuerza y fuimos al baño de chicos. Hicimos el amor entre charcos de orina, excrementos y papel de váter. Antes de salir enrollé mi último billete.

Poco después íbamos los cuatro de regreso a casa. Era el primero en bajarme. Sandrá trató de darme un beso de despedida. Aparté la cara. No soporto las despedidas. En la mayoría de los casos implica que volveremos a coincidir. Agasaje el hombro de Jorge y acaricié el pelo de Ángeles antes de poner los pies fuera del coche.

Me tumbé en la cama sin desvestirme.
[After all is done, and we're still alone]
Abrí el cajón de la mesa de noche.
[I won't be taken, yet I'll go...with my hands bound]
No hizo falta buscar mucho.
[I will walk...with my face blood]
Tragé varias pastillas al azar.
[I will walk...with my shadow flag]
Conecté mi walkman y esperé.
[Into your garden, garden of stone]

Categorías: literatura · poesía · raíces

En el vacío

15 Abril 2009 · Dejar un comentario

Abro los ojos y no veo nada, pero estoy tranquilo. Me siento como un bebé gestándose en el vientre materno. No hay puntos cardinales, sólo yo. Estoy flotando en la nada. Miro alrededor buscando algo familiar y veo un pequeño planeta. Podría pasar desapercibido en otro contexto. Es pequeño y casi no refleja luz. Debo estar muy lejos del Sol.

Agito los brazos y me muevo con facilidad hacia ningún sitio. Dos caras conocidas cobran vida ante mí. Se desplazan a una gran velocidad pero permitiendo apreciar su peculiar danza en la oscuridad. Susurran en mis oídos palabras que no entiendo. Y se alejan… Adiós, pequeños querubines, adiós.

Una voz resuena en mi cabeza mientras pequeños trozos de recuerdos navegan por el vacío.

La última cuerda se rompe.
No hay espacio, no hay tiempo.
Relajado, nado.

Categorías: literatura · poesía · raíces

Cara B

8 Marzo 2009 · Dejar un comentario

Hace un tiempo tuve el impulso de querer publicar parte de lo que había escrito cuando vivía en Zaragoza. No mucho después mi querido Frenopático, el portátil que me acompañó en mis últimos dos años y medio en la capital maña, se sumía en un letargo del que no he querido rescatarlo. Saber que puedo ser el Dr. Frankenstein y revivirlo cuando quiera me da plena libertad para dejarlo en su estado actual. Así llegué a la conclusión que debía recopilar y exponer la vida de mi compañero de experiencias, incluyendo además el tiempo que respiró en mi tierra natal.

Las explicaciones de Emilio Lanzas para autopublicarlo me han servido bastante y ahora sólo me hace falta tener el suficiente tiempo libre para recopilar, seleccionar, revisar y diseñar un libro que hará de epílogo a mi exorcismo personal.

Mientras tanto, como ya he comentado en otra entrada, me he volcado a descubrirme. Y, aunque es un recién nacido, es hora de presentar Cara B, un proyecto de relatos cortos escritos junto a Sara Martín, mi onironauta de acento plebeyo. Sin ningún tipo de pretensión más allá que la de vomitar sílabas y descongestionar nuestros cerebros de la vida cotidiana, Cara B se presenta en pequeñas dósis de 5 canciones por disco. ¡Larga vida al vinilo!

Cara Bhttp://proyectocarab.wordpress.com

Semen dierésico que implosiona
Extracto de “Inconexiones”

Categorías: cara b · literatura · personal