La llegada de Kurro abre una nueva puerta en mi relación de pareja. Él forma parte del dharma y nos está ayudando a aceptar cosas que nuestra mente trata de hacernos olvidar. Nuestro apego a detalles insignificantes ha dejado paso a un torbellino de buenos sentimientos que Kurro, como un ser más de pleno derecho a existir sin limitaciones, nos regala sin miramientos.
Quizá el único pensamiento negativo que albergo con el amor que siento hacia nuestro nuevo compañero de aprendizaje es mi falta de comprensión y de compasión por aquellos que maltratan, asesinan y se alimentan de seres vivos. El sufrimiento que veo cada día me hace pensar que todavía me queda mucho tiempo en el samsara. No puedo permanecer impasible cuando el mundo se oxigena de sangre y el terror se convierte en lo cotidiano.
¿Qué hará falta para que la llamada especie dominante del planeta se de cuenta de su error?







