Hace unos minutos el presentador del programa de Telecinco, La Noria, Jordi González, advertía de que las imágenes que se emitirián “podrían herir la sensibilidad del espectador“, haciendo relación a la polémica de los encierros de San Fermín a raíz de la muerte de un joven madrileño. La primera pregunta que nos pasó por la mente, a mi novia y a mí, fue si las imágenes iban a tratar toda la atrocidad que respira una “fiesta popular” como lo son los San Fermines.
Hay preguntas que tienen respuesta inmediata en este país tan culto, humano y bueno…
Las supuestas imágenes que iban a “herir nuestra sensibilidad” no eran otras que alguna que otra cornada y la secuencia de la cogida mortal del citado chaval. Al margen de mi carácter cada vez más misántropo y puramente anti-especista, buscaba algo de criterio en un reportaje de estas características. Y no lo encontré. Ninguna imagen ni reproche sobre cómo son tratados los toros desde su preparación antes del encierro, sus vejaciones durante el mismo y su muerte, atroz y agónica, por la tarde en la plaza.
Los “héroes” cobardes de la Fiesta Nacional y sus admiradores se santigüan reverenciando a un Dios sanguinario antes de cometer los actos más deleznables de la historia.
Lo que realmente hiere mi sensibilidad es la ausencia de la misma en un mundo que no pertenece al ser humano, sino que lo habita junto al resto de especies animales de la Naturaleza. Cuando esto se entienda, se acepte y se practique, habremos dado el siguiente paso en nuestra evolución. Mientras tanto, seguiremos siendo el cáncer del Planeta.







